Breve reflexión de Pascua.

13/04/2009

Una Semana Santa pasada por agua. Aún así, el domingo salió el sol, y a mi familia y a mí no hubo gota que nos impidiera tomar el vermú (que, por cierto, no me gustó demasiado. Prefiero la caña con limón).

Entramos en las Bodegas Paricio, un bar al final del Coso bajo, famoso, por lo visto, por sus anchoas en vinagre. El caso, que mi madre fue a hacernos una foto a mi hermana y a mí, y se dio cuenta de que detrás de nosotros estaba Adolfo Barrena, Diputado y portavoz de Izquierda Unida en las Cortes de Aragón por Zaragoza. También, con su vermú y su anchoa.

Y me quedé pensando en que perderse entre la gente no es tan difícil, siempre que no seas un ZP o un Rajoy. Y que, aunque lo seas, no importa. Los políticos, más allá del Congreso o del Parlamento, también tienen vida y también toman vermú, aunque a veces se nos olvide. No nacieron con el traje y la corbata puesta, aunque, eso sí, lleven la esencia de su partido grabada a fuego en la piel.

Esto último, la esencia, es algo con lo que no se nace puesto, pero también algo que no se puede dejar en casa. Te acompaña allá donde vas, hasta cuando tomas el vermú.

[Feliz-Santo-Regreso-a la rutina]

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Marineros, “a bordar” el barco.

07/04/2009

Estoy en Económicas, en la parte de abajo. Sí, leéis bien. Yo, que siempre he odiado las bibliotecas, estoy en mi segundo día de vacaciones oficial, en una de ellas. No me gustan porque la gente no para de cuchichear y sobre todo, porque las mujercitas siempre eligen ponerse tacones en sus sesiones de estudio, y no hacen más que pasearse entre las estanterías haciendo como que buscan un libro que quizá no exista, pero así consiguen llamar la atención. La verdad es que prefiero mi salón y mi nevera. Pero esa es otra cuestión.

El caso, que estoy en medio de Económicas con Sara y María y, mientras ellas navegan por Tuenti, yo intento hacer como que soy la aplicada de las tres, pero no lo consigo. En estos momentos tendría que estar planteándome cómo empezar un reportaje sobre divulgación científica. Pero, para variar, me he vuelto a perder en la Red, en El Mundo y en El País. Comparándolos. Si alguna vez no lo habéis hecho, os lo recomiendo. Es más didáctico que Tuenti (aunque, insisto, yo soy la primera enganchada a las redes sociales).

Primera plana: “Renovarse o morir: los cambios en el Gobierno de ZP”. Siempre se ha dicho que los cambios suelen hacerse a mejor, aunque siempre habrá quien se resista a creer lo contrario. Leyendo, como si nada, me encuentro con una de estas críticas.

– Por cierto, que mis amigas acaban de dejar tuenti para irse a fumar. Una tarde muy productiva (aunque ellas ya saben que lo digo de broma, yo sé que les gusta que hable de ellas aquí. Me han mirado, se ríen y me río. Pero el cigarro no se lo quita nadie).

Yo he seguido aquí dentro, y hablaba de las críticas. Aunque esta vez no se centra en el Ejecutivo,  sino en ZP, el capitán del barco. Pensándolo bien, no sé si la expresión “esta vez” es la correcta. Pero lo dejaré estar. La oposición siempre tiene algo que decir. Rajoy, a la cabeza. Da un sí a la renovación de los cargos o “tripulantes”, como él los llama. Pero sigue empeñado en que el problema es “el capitán”.

A mí, la verdad, que el cambio me ha pillado por sorpresa. Y si en algo coincido con Rajoy, es que algo “no funcionaba muy bien” si nuestro marinero por excelencia ha cambiado el rumbo. Pero rectificar es de sabios.  Yo sigo creyendo que los cambios siempre van a mejor. Pero claro, es muy fácil hacer una crítica, sobre todo cuando no se ha dejado un margen de actuación.

El País publica, en digital, ésta y otras dos noticias, además de una especie de resumen sobre cada uno de los recién llegados al Gobierno, bajo el título “Las nuevas caras”. El Mundo no iba a ser menos, y ha sacado un especial: “todos los detalles sobre el nuevo ejecutivo”. Aunque también hay que decir que en El Mundo no se habla de tripulantes, la crítica es menos profunda, aunque crítica al fin y al cabo.

Pero, en el fondo, no se trata de si son tripulantes, marineros o de si el capitán ha fracasado. Todos estamos en el mismo barco, y si la embarcación se hunde, sólo nos queda aprender a nadar.  Y mientras, seguiremos bordando entre todos el barco, empeñados en que quede “precioso” por fuera, aunque por dentro esté vacío. Pero eso, por lo visto, es lo de menos.


Ver, oír, mirar, ESCRIBIR y callar.

01/04/2009

 

Llevo tres años estudiando periodismo, y en este tiempo ya he escuchado decir varias veces que cualquier día, a los periodistas nos prohibirán hacer preguntas al final de las ruedas de prensa.

Según Ramón Salaverría, Profesor de Periodismo Especializado y Tecnología de la Información de la Universidad de Navarra, el periodismo al que asistimos hoy es un periodismo declarativo en el que el periodista se limita a ser la voz de las fuentes. Un periodismo en el que se tiene la información recogida en un dossier al alcance de nuestra mano. Un periodismo en el que el periodista, cada día que pasa, necesita esforzarse menos.

De momento, en ninguna de las ruedas a las que he asistido han suprimido el turno de preguntas. Pero quién sabe, yo ya no estoy segura de nada en este mundo raro. Y menos, después de leer que tres agencias de noticias se negaron a publicar las fotografías de Barack Obama proporcionadas por la Casa Blanca porque no se les había permitido acceder al despacho Oval.

¿Falta de confianza? No creo que sea por eso. Estas agencias siempre habían utilizado las fotografías que la Casa Blanca les hacía llegar de aquellos lugares que sí que tenían un acceso restringido. Pero el despacho Oval es la oficina pública del presidente de los Estados Unidos de América. ¿Por qué siendo público, se actúa como si fuera algo privado? Hasta las fotografías se convierten en “comunicados de prensa visuales” y poco se hace por impedirlo.

Tendremos que andarnos con ojo, porque no me extrañaría nada que cualquier día, en vez de convocarnos a las ruedas de prensa, nos hicieran salir a una  las puertas del medio en el que trabajamos para recoger el dossier con la información que las instituciones, organismos y demás entidades quieren que la gente conozca. Incluso, poco me sorprendería si algún día nos envían las ruedas de prensa por email con el dossier adjunto.

Y todo esto me lleva a una reflexión: si llega el día en que se eliminen los turnos de preguntas, estoy convencida de que los periodistas nos tiraremos de los pelos los unos a los otros por asistir al programa “Tengo una pregunta para usted”, de TVE. Aunque con la suerte que tenemos, probablemente no nos dejaran ni abrir la boca. Ver, oír, mirar, ESCRIBIR, y callar.


No hay partida.

27/03/2009

Alguna vez he escuchado que conociendo al candidato al Gobierno de un partido político, se pueden llegar a conocer las tripas de ese partido. Yo diría que con toda seguridad. Por algo son los líderes, el rostro o la imagen representativa.

Al hilo de esto, me viene a la mente algo que comentamos el otro día en la universidad, en “Información Política y Procesos Electorales”. Mi profesor dice que vivimos de argumentos que las sociedades son sociedades de narradores. Y, en ellas, casi importa más el narrador -quién es, a qué se dedica, qué hace y qué deja de hacer- que el argumento.

Y nosotros, los periodistas o, mejor dicho en mi caso, losquealgúndíaseremosperiodistas interpretamos sus mensajes, la mayoría de las veces en clave. Y para poder descifrar lo indescifrable, utilizamos códigos, que varían en función del medio en el que te encuentres y de las tripas políticas con las que ese medio se identifique.

Ellos ponen las reglas del juego, y nosotros ponemos la mesa o el tablero. Y todos quieren ganar la partida. Qué triste es pensar que los medios meten todas las bazas que pueden -y más-, así es imposible hacerse con un ganador. Aunque más triste es saber que, sin los medios, no habría juego.


Y si quiere…vuelva usted mañana.

25/03/2009

Fue un romántico del siglo XIX al que le dolía España. Hablo de Mariano José de Larra, que ayer cumplía doscientos años desde su nacimiento. Como intelectual, periodista y político, también tiene su sitio en este rincón. El espíritu romanticista del que se impregnó le sumió en una doble frustración que le llevó al suicidio. Un final común para muchos de los románticos de la época.

Larra en el siglo XIX

Comenzó escribiendo artículos de crítica social y de costumbres con su primera publicación, “El duende satírico del día”, continuando con un modelo que ya se había iniciado en el siglo anterior.  Tuvo que cuidarse mucho de no rozar temas políticos, ya que en 1828, los artículos se sometían a censura -pleno apogeo de la Década Absolutista-. Aún así, Larra empieza a forjarse un nombre y a destacar por su humor satírico e irónico.

“El pobrecito hablador” fue su segunda publicación. Continúa escribiendo sobre costumbres pero sus artículos empiezan a acercarse a la política. Es un maestro del arte de sugerir entre líneas, traspasando la frontera que separa la crítica social de la crítica política. Y le sugiere al lector que esa costumbre o situación social que él está criticando se mantiene por el sistema político vigente en España.

Con la muerte de Fernando VII, los liberales toman el control y se reestablece la libertad de prensa. Ahora, Larra empieza a escribir abiertamente sobre política y como liberal, comienza una carrera política. Para un liberal, aquella persona que se dedicaba al periodismo estaba haciendo política. Es entonces cuando Larra adquiere el seudónimo de Fígaro y se impregna del espírituo romántico de la época, que estaba triunfando en Europa.

El Romanticismo es una corriente ideológica, cultural y de pensamiento que pone el acento en el sentimiento. El choque con la pura realidad provoca en el romántico una frustración que, generalmente, le llevará al suicidio.

El tiempo en el que le tocó vivir estuvo marcado por los enfrentamientos entre liberales y carlistas. Y ésta situación, junto al perfil político moderado de los liberales, crean una agonía en Larra a la que se suma una decepción amorosa: se enamora de una mujer que, como él, también estaba casada.

Con esta vida que para él no lo era, decide viajar por Europa para volver a encontrar el sentido de las cosas. Cuando vuelve, se convierte en el principal articulista de “El Español”. Sin embargo, seguía sin encontrar la paz interior. En 1836 se celebran una elecciones y él obtiene un acta de diputado. Pero un Golpe de Estado impide que Larra alcance ese cargo político. En el tiempo, coincide con que su amada le devuelve todas las cartas que él le había escrito. Todo esto llevó a Larra delante del espejo. Allí, se disparó un tiro en la sien. Era un lunes de carnaval de 1837 y Larra tenía 28 años.

Larra en el siglo XXI

En el Ateneo de Madrid, ayer quedó inugurado “Larra en el tiempo”, un ciclo de siete conferencias con el que se pretende rendir, a lo largo de todo el año, un homenaje al “primer socio activo” del Ateneo. En el acto, Jesús Miranda de Larra afirmó que “la España que le hizo sufrir” ya no existe, y que “hoy, Larra no se suicidaría“.

El Príncipe de Asturias en el acto de presentación de "Larra en el tiempo". Fuente: abc.es

El Príncipe de Asturias en el acto de presentación de "Larra en el tiempo". Fuente: abc.es


A flor de piel

23/03/2009

El tema del aborto se ha llevado una gran parte del protagonismo informativo a lo largo de esta semana. La parte restante ha tenido que repartirse, a nivel nacional, con el caso de Marta del Castillo, precisamente al conocerse esta semana una nueva versión de los hechos. Y aquí, en Aragón, con la intensidad informativa que se ha concentrado en los juzgados de la Almunia, con María Victoria Pinilla como estrella principal del reparto.

Así es como creo que se ha repartido el pastel esta semana. Y casi casi, me sentía hasta mal por no haber escrito todavía sobre el tema del preservativo, el sida, el aborto, los anticonceptivos, la Iglesia. Sin embargo, hoy me he fijado en varios artículos de opinión de El País estrechamente relacionados. El primero, de Elvira Lindo, “Sin Perdón”.  El segundo, la columna de Soledad Gallego-Díaz, “Punto de observación”, que llevaba por título “Explicaciones, no disculpas”

“Yo no soy esa madre que le compra a su hijo condones”. Y así, comenzaba el artículo de Elvira Lindo que concluía diciendo que la Iglesia “no tiene perdón de Dios” al condenar el uso del preservativo en África, donde “22 millones de personas agonizantes mueren antes de los 30 años”. Además, en relación a la campaña contra el aborto ¡Protege mi vida!, Elvira Lindo se pregunta: “¿Qué sabrán de hijos o del amor sexual aquellos que prometen mantenerse al margen de esa experiencia durante toda su vida?”.

Campaña de comunicación de la Conferencia Episcopal Española. Fuente: CEE

Campaña de comunicación de la Conferencia Episcopal Española. Fuente: CEE

 

 

El otro, el de Soledad Gallego, se puede resumir en la siguiente cita: “Se anuncian tiempos difíciles y no tenemos ni idea de por qué los políticos no hicieron nada para evitarlo”. Alza su voz porque, a lo largo del tiempo, la gente se ha preocupado más por pedir disculpas en vez de dar explicaciones. Y en un momento dado, dice: “También hubiera sido muy de agradecer que, en lugar de pedir disculpas dentro de unas décadas, o siglos, el Papa actual se hubiera limitado a mantenerse en humilde silencio sobre el uso de los preservativos como método profiláctico contra el sida”.

El uno habla de que no hay perdón, y el otro de que vivimos sobreexpuestos a un sin fin de perdones. Tan contradictorios y tan complementarios al mismo tiempo. Dejo las cartas sobre la mesa.

Eso sí, no sin antes decir que, de lo que dudo yo, es de que dentro de unas décadas o siglos, el Vaticano vaya a estar dispuesto a disculparse. No lo veo tan claro.

[Hoy comienza una nueva semana informativa. A ver cómo se reparten esta vez los temas]


Tiempos de desafección política

19/03/2009

El interés por la política brilla por su ausencia. Según el último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), casi el 70% de los españoles la considera poco o nada interesante. ¿Por qué? Quizá porque está demasiado extendido el considerar que los políticos mienten más que hablan, o mucho hablan y poco dicen, o aquello de que los políticos son grandes oradores porque quizá la mitad de la gente que los escucha no entienda nada de lo que están diciendo. Y la verdad es que no les falta razón. Sin embargo, hay quien se resiste a creer que siempre es así.

En el siglo XXI todavía hay políticos que siguen creyendo que otro mundo es posible, más allá de los intereses partidistas, económicos o sociales. Uno de ellos es Ignacio Celaya, Director General de Participación Ciudadana del Gobierno de Aragón. Él está totalmente convencido de que “el espejo de la verdad se rompió en mil pezados hace tiempo y está esparcido por todos los rincones del planeta”. En unos tiempos en los que se vive un fenómeno de “desafección política” y se está asistiendo a una “fragmentación de lo público”, Celaya sigue apostando por hacer de la política una nueva cultura.

Y lo hace desde el Área de Participación Ciudadana que coordina desde hace algo más de año y medio. Este espacio es un instrumento que pretende fomentar el diálogo y la comunicación entre el Ejecutivo Aragonés, las Administraciones Públicas y entidades locales y muy especialmente entre los ciudadanos, los aragoneses. Para él, “la política es el arte de construir lo público entre todos”.

Ignacio Celaya. Fuente: DGA

Ignacio Celaya. Fuente: DGA

Así, a través de diversos procesos de participación, han conseguido, por ejemplo, que el Plan de Inmigración ofrezca una oportunidad a la población inmigrante para participar en las políticas sociales. O con la pendiente aprobación de la Ley de Servicios Sociales en las Cortes, los ciudadanos podrán acceder a los servicios sociales que precisen independientemente de los recursos económicos de los que dispongan.

La elaboración de las nuevas leyes autonómicas es, por tanto, competencia y responsabilidad también de cada uno. Y la Dirección General de Participación Ciudadana es un exponente claro en el que la expresión todos podemos aportar nuestro granito de arena cobra sentido.

El 90% de los aragoneses desconoce la existencia de este área que, por cierto, está a punto de publicar su primera memoria. Por desgracia, solamente se aprecia el trabajo de la DGPC en el momento en el que las leyes son aprobadas, y el resto del esfuerzo queda eclipsado por la propia aprobación, que es la noticia. Aún así, Celaya se siente orgulloso de “trabajar en las cocinas de la democracia”.

Esta es la otra cara de la política, la que no se ve, pero no por ello es menos importante. Celaya no tira la toalla, sigue trabajando porque aunque parezca difícil, “el sistema deja rendijas donde es posible atisbar esperanza con humildad y con transparencia. Ese es el reto, esa es la apuesta”.

Quién sabe si, algún día, seremos capaces de reconstruir el espejo de nuevo.

me permití un pequeño homenaje —